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Guía para familias

Fútbol, baloncesto o voleibol: cómo elegir el deporte de este curso

voley.app · 7 de agosto de 2026

En septiembre, en muchas casas de Madrid, se abre la misma conversación: hay que apuntar a alguien a algo. Y la pregunta que se hace en voz alta, cuál es el mejor deporte, no tiene respuesta. La que sí la tiene es otra: cuál encaja con esta persona, en esta casa y en este curso.

Antes de escoger deporte, tres cosas a tener en cuenta

Suenan poco épicas y pesan mucho.

A qué hora se entrena y cuántos días. Con el colegio o el instituto de por medio, es importante tener en cuenta los horarios de entrenamiento y de estudio, y ver si encajan con el resto de la semana.

Cuánto se tarda en llegar. Van a ser dos o tres viajes por semana durante nueve meses, más los partidos del fin de semana. Veinte minutos de más es algo importante a tener en cuenta.

Qué cuesta la temporada entera. La cuota mensual no es todo. Hay licencia federativa, equipación y, según el deporte, material propio que hay que comprar y reponer. En voleibol, basta con zapatillas de interior y rodilleras, porque los balones y las redes los pone el club. Pregunta siempre qué está incluido y qué se paga aparte.

Lo que diferencia al voleibol del fútbol y el baloncesto

No hay contacto con el rival. Hay una red en medio y los dos equipos juegan en campos separados. No existe el cuerpo a cuerpo ni la falta que te tira al suelo. Para mucha gente esto es determinante, y para otra es justamente lo que echa de menos, que también es una razón válida para elegir otra cosa.

Todo el mundo pasa por todos los sitios. La rotación es obligatoria: cada jugadora y cada jugador va cambiando de posición y a todos les toca sacar. Y como el balón vuelve del otro campo sin avisar, puede caer en cualquiera en cualquier momento. No hay forma de esconderse en una esquina ni de acaparar el juego, ni siquiera queriendo.

Una jugada son tres toques. El equipo tiene tres toques antes de devolver el balón, así que casi ninguna jugada se resuelve sola: hay que pasarse el balón entre varios para construir el ataque. Eso hace que todos tengan oportunidad de participar en el punto.

El error no se queda pegado. El voleibol es un deporte de errores, y eso no es un defecto, es su ritmo: cada punto termina y a los pocos segundos empieza otro limpio. Se falla, se aprende y se sigue jugando, sin cargar con el fallo durante media hora como puede pasar en deportes de juego continuo. En edades de formación eso vale mucho.

Se juega en pabellón. En enero, con lluvia y con quien acompaña esperando fuera, esto no es un detalle menor.

Lo que el voleibol no te va a dar

Por honestidad, porque esto casi nunca se cuenta.

Al principio cuesta más entrar en el juego. En fútbol o en baloncesto alguien que empieza puede correr, defender y participar desde el primer día aunque no tenga técnica. En voleibol, hasta que el toque de dedos y la recepción salen mínimamente, el juego se corta a menudo. Ahora bien, eso no significa entrenamientos aburridos, más bien al contrario: los entrenamientos de iniciación son muy dinámicos, con juegos, circuitos y mucho trabajo de coordinación desde el primer día, y el aprendizaje suele ir rápido precisamente porque se repite mucho en poco tiempo.

Hay menos equipos masculinos. Siete de cada diez licencias de voleibol en España son femeninas, así que en algunas categorías encontrar equipo de chicos cuesta más y a veces obliga a mirar en el municipio de al lado. La contrapartida es real y conviene saberla: los clubes que sí tienen equipo masculino están deseando completarlo, así que a un chico que llega con ganas casi siempre le hacen sitio. En las categorías femeninas pasa lo contrario: hay mucho donde elegir, y por eso en algunos clubes grandes las plazas están más disputadas.

Se ve menos por la tele, lo que significa menos referentes a mano y menos conversación en el patio. Está cambiando, pero es así.

Una ventaja que casi nadie cuenta: ver voleibol en directo

Aquí el voleibol gana de calle. Ir a ver un partido de Superliga o de Superliga 2, masculina o femenina, es mucho más accesible y mucho más barato que un partido de fútbol o de baloncesto de máximo nivel. Se entra sin odiseas, se ve el juego de cerca de verdad y el ambiente es familiar.

Y hay algo que engancha más que cualquier charla: al acabar, los jugadores y las jugadoras se quedan. Hacerse una foto con ellos, que te firmen el balón o preguntarles algo es normal y pasa todos los fines de semana. Para una niña o un niño que empieza, ver de cerca a alguien que juega en la máxima categoría y que además le dedica dos minutos vale más que diez vídeos.

Cómo probar sin comprometerse a nada

Lo mejor de esta época del año es que probar no obliga a nada.

Las escuelas deportivas admiten gente durante todo el curso, entrenan uno o dos días por semana y no exigen licencia ni competición. Es la vía natural para ver si engancha.

Los clubes federados hacen pruebas abiertas, sobre todo en mayo y junio y en una segunda ventana a finales de agosto y en septiembre. Ir a una prueba no compromete: es un entrenamiento donde el club conoce a los que llegan nuevos.

Y no hace falta elegir para toda la vida. Mucha gente que hoy juega al voleibol llegó a los trece o catorce años desde otro deporte, y esa base de coordinación y de vida de equipo no se pierde por el camino.

Si no sabes qué categoría le toca, va por año de nacimiento y no por curso escolar.

Si os decidís por el voleibol

En nuestra web voley.app están las pruebas y captaciones de los clubes y escuelas de la Comunidad de Madrid, con categoría, sexo, zona, fecha, pabellón y el contacto directo de cada club. Es gratis, no hay que registrarse y se habla directamente con el club, sin intermediarios.

La vamos actualizando conforme los clubes nos pasan sus convocatorias, así que si hoy no encuentras la de tu categoría, vuelve en unos días o suscríbete al canal de WhatsApp para que te avisemos.

Y si acabáis en fútbol o en baloncesto, también está bien. Lo importante es que dentro de tres meses siga yendo con ganas.